Hay marcas que nacen de una idea de negocio y otras que nacen simplemente de hacer algo que te gusta. Nohakota pertenece, al menos en sus comienzos, al segundo grupo.
El proyecto nació en el Empordà de la mano de Irina Arché y Enric Deusedas, dos apasionados por el skate, el surf y todo lo relacionado con el mundo de las tablas. Alrededor de 2012 empezaron a fabricar sus propias tablas y, lo que inicialmente era casi un experimento personal, terminó convirtiéndose en un proyecto empresarial.
La primera tabla fue un longboard de bambú que fabricaron para ellos mismos. Gustó tanto a sus amigos que empezaron a llegar encargos y ahí vieron que podía haber algo más detrás. Así nació Nohakota.
Una manera diferente de hacer tablas
Desde el principio quisieron diferenciarse de las tablas fabricadas industrialmente. Su apuesta era trabajar de manera artesanal y utilizar materiales que encajaran mejor con su filosofía.
Entre ellos estaban el bambú, la fibra de basalto y las eco-resinas, una combinación que en aquel momento resultaba bastante poco habitual en este tipo de productos.
Pero los materiales no eran lo único que hacía diferente a Nohakota.
Una de sus ideas más interesantes era que no hubiese dos tablas exactamente iguales. Además de sus propios modelos, ofrecían tablas personalizadas en las que el cliente podía escoger la forma y también el diseño.
Y aquí aparece otra de las características que más me gustan de la historia de Nohakota: la relación entre las tablas y la ilustración.

Cuando una tabla también es una pieza de diseño
Nohakota colaboró con diferentes artistas e ilustradores para crear colecciones especiales. Entre ellos estuvieron Rulo Trece y Belén Ortega, cuyos diseños se incorporaron a series de tablas numeradas.
También existía la posibilidad de personalizar completamente una tabla.
La idea era bastante sencilla: si vas a tener una tabla que probablemente te acompañará durante mucho tiempo, ¿por qué no hacer que sea realmente tuya?
El proceso incluso podía convertirse en parte de la experiencia. Los clientes recibían un vídeo en el que podían ver cómo se había fabricado e ilustrado su tabla.
Era una forma de entender el producto más cercana a la artesanía que a la fabricación en serie.

Longboards, skimboards y mucho más
Aunque el longboard fue uno de sus productos más conocidos, Nohakota también trabajó con skimboards y otros productos relacionados con los deportes de deslizamiento.
El proyecto estaba muy ligado además a la Costa Brava y al Empordà. No resulta extraño si tenemos en cuenta que buena parte de su filosofía estaba relacionada con disfrutar del exterior, el movimiento y el contacto con el entorno.
Y no se trataba únicamente de vender tablas.
Con el tiempo, la actividad de Nohakota también se relacionó con talleres y actividades para acercar estos deportes a niños y jóvenes, combinando disciplinas como longboard, Indoboard, slackline e ilustración.

Un proyecto reconocido en el Empordà
En 2017 llegó uno de los reconocimientos más importantes para el proyecto.
Nohakota, con Irina Arché y Enric Deusedas al frente, recibió el primer Premio Emprenedor de los Premis Emprenedors de l'Alt Empordà.
El reconocimiento tenía especial significado porque no premiaba únicamente el producto. Ponía también en valor un proyecto empresarial nacido en la propia comarca, con una propuesta diferente y una clara apuesta por la innovación y la sostenibilidad.
Para una pequeña marca nacida alrededor de una pasión, conseguir este tipo de reconocimiento suponía un importante respaldo.

De Nohakota a Slideboards
Con los años, el proyecto ha ido evolucionando.
La información sobre los primeros años de la marca es mucho más fácil de encontrar, especialmente las entrevistas y artículos publicados alrededor de 2014 y del premio de 2017. Sin embargo, Nohakota no parece haber desaparecido del todo del mapa.
En 2022 encontramos actividades relacionadas con Slide Parks y Surf Games, y en 2025 aparece de nuevo Nohakota vinculada a la presentación de una actividad de Slideboards para jóvenes en Figueres.
Es una evolución bastante lógica.
Porque quizá Nohakota nunca fue solamente una marca que fabricaba tablas. Detrás siempre hubo una idea más amplia: moverse, aprender, jugar, crear y disfrutar de las posibilidades que ofrecen las tablas.

Una pequeña historia del Empordà
Lo que más me llama la atención de Nohakota es precisamente su dimensión local.
No estamos hablando de una gran marca internacional ni de una empresa nacida en Silicon Valley. Estamos hablando de dos personas que desde el Empordà decidieron experimentar con materiales, fabricar sus propias tablas, colaborar con artistas y tratar de convertir una afición en una forma de vida.
Y durante el camino consiguieron algo que no resulta sencillo: crear un producto con personalidad propia.
Quizá por eso Nohakota resulta interesante incluso para quienes nunca se han subido a un longboard.
Porque su historia habla de algo bastante más universal: qué puede ocurrir cuando una afición se toma en serio y se convierte en un proyecto propio.
Y también de una manera de hacer las cosas que, con la fabricación artesanal, el diseño, la sostenibilidad y la conexión con el territorio, sigue teniendo mucho sentido hoy.
Nohakota nació en el Empordà alrededor de una tabla de bambú. Y, más de diez años después, el nombre sigue vinculado a ese mismo mundo del movimiento, el equilibrio y los deportes de deslizamiento.
¿Dónde encontrar Nohakota?
Si quieres conocer mejor el proyecto, ver sus tablas, descubrir sus actividades o ponerte en contacto con el equipo de Nohakota, puedes hacerlo a través de sus canales oficiales.
Web: nohakota.com
Instagram: @nohakota
Facebook: Nohakota Slideboards
Nohakota Slideboards
Empordà, Girona
Para conocer sus actividades, talleres y novedades, lo mejor es consultar directamente sus redes sociales y su página web, donde mantienen actualizada la información del proyecto.



